martes, 17 de septiembre de 2013

EL PRINCIPITO (Precioso libro que os recomiendo, y reflexión personal)

Imagino que muchos lo habréis leído ya, y sabréis el libro tan precioso que es. Otros, quizá no, y no sé a que esperáis para descubrir una de las más maravillosas obras jamás escritas, que seguro que os va a animar y ayudar mucho en la vida. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, es un libro sencillo, humilde, bonito, que, a través de la figura de un misterioso y bello niño. alegre y de cabellos dorados, nos invita a reflexionar sobre lo que significa crecer, sobre las diferencias entre los niños y los adultos, y nos invita sobre todo a seguir mirando el mundo con la simpleza de los ojos de un niño, y a escuchar al que todos llevamos dentro. Después de dejar su pequeño asteroide, y en él, a su linda rosa, el Principito emprende un viaje por todo lo largo y ancho del universo, encontrándose con todo tipo de variopintos personajes, y al final, recala en la Tierra, donde haya al autor, el piloto, en un apuro en medio del desierto. Es ahí donde traban amistad, y donde la inocencia sencilla del niño marcará para siempre al adulto con el que se ha encontrado. Es un libro que se lee casi solo, que parece contar una simple fantasía, pero que nos habla de algo muy importante: los adultos pensamos que lo sabemos todo, le damos importancia a cosas que no la tienen, y nos olvidamos de cosas realmente importantes y necesarias. Incluso siendo adulto, es bonito, y muy necesario para no volverse del todo loco, diría yo, seguir escuchando esa voz del niño que todos llevamos dentro. Con ayuda de esa voz, podremos comprender las cosas de otra forma, mirar nuestros problemas de otra manera, y seguir aprendiendo y creciendo. Porque he aquí un gran secreto, amigos: en realidad, creo que nunca, nunca dejamos de crecer. No hablo de crecimiento físico, o de madurez emocional, eso son otras cosas... yo me refiero al crecimiento auténticamente valioso, es decir, al crecimiento personal. A las cosas que te hagan ser más grande, mejor persona, que te aporten de verdad. E incluso, de adultos, nos encontramos con esas cosas. Debemos seguir creciendo y afrontando retos. Con las cosas que nos pone la vida de pro medio, seguimos aprendiendo tengamos 10 años o 100.

Últimamente, he reflexionado mucho acerca del tema y esa es la conclusión a la que he llegado: que mientras estamos vivos, nunca dejamos de crecer. Aún con todos mis defectos, mis miedos e inseguridades, me gusta la mujer en que me he convertido en muchos sentidos. Y sé que puedo ser aún mejor, que puedo seguir superando bloqueos, que puedo seguir aprendiendo y creciendo a muchos niveles, aunque me queden pocos meses para cumplir los 30. ¿Y qué? ¿Significa eso que debo enterrar del todo a esa niña dichacharera, aventurera, y de imaginación poderosa que no le temía a nada? En absoluto. Lo que quiero es seguir siendo ella, pero en versión adulta. No renuncio a mi imaginación, y quiero ver cada nuevo obstáculo que surja como lo veía cuando era pequeña: como una oportunidad para una nueva aventura, para poder llegar más alto y superarme a mi misma, no como algo que tenga que entorpecer mi camino, o algo insuperable que no pueda afrontar. Hoy, el muro de detrás del parque de mi barrio no parece tan grande como entonces. Recuerdo que solía jugar a escalarlo, y que imaginaba que era una alpinista en medio de una gran montaña nevada, e iba incluso grabando los diarios de semejante aventura. Se que los obstáculos de hoy son otros distintos, por supuesto, pero si logré coronar la cima esa montaña, ¿Qué me impide superarlos? Solo la diferencia de perspectiva. Boa con un elefante dentro, o un sombrero, tu eliges. Por supuesto que hay momentos para ponerse el traje de persona mayor y discutir de política, y otros para preguntarse si, en algún rincón remoto del universo, un cordero se ha comido o no a una rosa. Si me gusta la adulta que soy, es porque la he construido sobre la base de esa niña, y me parece demasiado importante como para olvidarla del todo, ¿no os parece? No es un equilibrio fácil, pero creo que merece la pena crecer sin perder del todo de vista esa perspectiva: lo esencial es invisible a los ojos. A los que hayáis leído el libro, siempre es buen momento para leerlo otra vez, y las que hagan falta, porque el Principito es uno de esos clásicos hermosos que nunca fallan. Y a los que no, de nuevo os lo recomiendo. Quizá os ayude a reflexionar sobre lo que entendemos por crecer, como a mí. Y nunca, nunca olvidéis que ese niño o niña que fuísteis, es la base del adulto que sois hoy, así que tomaros algo de tiempo para escucharle de vez en cuando. Y ahora, cerramos con una pocas fotitos, y.... ¡¡chan chan cha, podcast del libro que he grabado!! Espero que os gusten.

El Principito, en una de las ilustraciones del propio autor

La frase: "lo esencial es invisible a los ojos"

Otra gran frase
Sombrero, o boa con elefante dentro, tú eliges

A este libro como veis no le faltan grandes frases

El Principito y su rosa...

¡¡Y mi foto favorita de pequeña!! Caramelo de fresa en Carnaval. ¿Estoy mona, o qué?

Y como colofón final, no nos olvidemos de... ¡¡los podcast!! Espero que os gusten. Más y mejor, muy pronto en Mi Pequeño Mundo: 



1 comentario:

Doc Wotefak dijo...

No tengo incorporada la cultura de la lectura, pero cuando tomo un libro (que no es de ingenieria) lo leo con gusto. Este es uno de esos clasicos de clasicos que prometo leer algun dia junto con el eternauta, saludos!

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